Una cocina pequeña, una receta de familia y la idea de un lugar donde la cena nunca termine apurada.
Romanos 122 abrió en Catalina Aldaz porque faltaba un sitio así: italiano de verdad, sin carta kilométrica ni atajos, donde se cena con calma y se bebe bien. La idea arrancó en una cocina de casa, con una receta de ragù de la nonna, y fue creciendo mesa por mesa.
Hoy somos un risto-pub: comedor de noche, barra hasta tarde, almuerzos de trabajo de martes a viernes. La pasta se estira cada mañana, la pizza fermenta 48 horas y los vinos los traemos directo de bodegas familiares en Piemonte, Toscana y Veneto.
Si esta es tu primera vez, pide el tagliatelle al ragù. Si ya conoces la casa, siempre hay un plato nuevo esperando.
El queso, los embutidos, los vinos y el aceite llegan directo de productores italianos. Sin intermediarios, sin marcas genéricas.
Pan, focaccia, pasta, postres, salsas. Si se puede hacer en la cocina, no viene en bolsa. Siempre.
No hay turnos forzados. Si reservas a las ocho, la mesa es tuya hasta que decidas irte. Punto.
Milanés, cocinó ocho años entre Emilia-Romaña y el Piemonte antes de aterrizar en Quito.
Si reservas por WhatsApp, seguramente te responda ella. Conoce a cada cliente por su vino favorito.
Lleva la barra con precisión de reloj. Su Negroni Sbagliato es razón suficiente para quedarse.